Los libros de Historia del Arte en general, ya sean manuales especializados u obras de divulgación, tienen una característica común (que se hace extensible a casi todo el planeta Tierra): una ingente cantidad de machismo. En aquellos inmemoriales años antediluvianos en que el macho de la especie Homo Sapiens tomó a su cargo el cuidado de la familia, amparándose en el hecho de que poseía más fuerza física que la mujer, y relegó a esta a las tareas secundarias, ya se puso la primera piedra en los cimientos. Lo demás era fácil. Solo había que construir reciamente encima de estos para que la construcción fuera sólida e inquebrantable.
Al transcurrir muchos milenios el hombre ya había tomado, definitivamente, las riendas de todo lo que se consideraba principal en cada civilización. Lo cual pasó con el Arte mismo. Solo entre los siglos VI y IV a.C. y en la región de la Hélade (la Grecia Clásica) la mujer disfrutó de alguna pseudolibertad en este campo. Así aparece una figura mítica (tanto para la literatura como para los movimientos de liberación sexual) : la poetisa Safo de Lesbos que, al amparo de las nueve Musas y escanciando del fecundo jarro de Erato, consiguió hacerse un hueco en un mundillo que parecía reservado a individuos de avanzada edad que se mesaban las barbas. Pero ahí quedó la cosa. Solo fue un pequeño oasis en el desierto...
Igual parece a los eternos Dioses
quien logra verse frente a ti sentado.
¡Feliz si goza tu palabra suave,
Suave tu risa!
A mí en el pecho el corazón se oprime
Sólo en mirarte; ni la voz acierta
De mi garganta a prorrumpir, y rota
Calla la lengua.
Fuego sutil dentro de mi cuerpo todo
Presto discurre; los inciertos ojos
Vagan sin rumbo; los oídos hacen
Ronco zumbido.
Cúbrome toda de sudor helado;
Pálida quedo cual marchita yerba;
Y ya sin fuerzas, sin aliento, inerte,
Muerta parezco.
Safo de Lesbos (650 - 580 a.C.)
Pero la cosa no queda ahí. Digo lo de "a medias" por un aspecto primordial. Ha logrado la legitimación para ser artista pero, sin embargo, no ha logrado que se la tengan en cuenta. Los libros sobre Arte Contemporáneo están plagados de hombres artistas pero, excepto casos muy concretos, la mujer sigue arrinconada en un ostracismo únicamente creador. Es como si todavía se encontrara en una fase en la que debe hacer acopio de merecimientos para ser incluida como pieza importante y, si la ruleta de la Diosa Fortuna es benigna, entrar de una vez por todas en los manuales de Historia del Arte.
quien logra verse frente a ti sentado.
¡Feliz si goza tu palabra suave,
Suave tu risa!
A mí en el pecho el corazón se oprime
Sólo en mirarte; ni la voz acierta
De mi garganta a prorrumpir, y rota
Calla la lengua.
Fuego sutil dentro de mi cuerpo todo
Presto discurre; los inciertos ojos
Vagan sin rumbo; los oídos hacen
Ronco zumbido.
Cúbrome toda de sudor helado;
Pálida quedo cual marchita yerba;
Y ya sin fuerzas, sin aliento, inerte,
Muerta parezco.
Safo de Lesbos (650 - 580 a.C.)
Algunos siglos después un Imperio Romano en decadencia emitía sus estertores finales mientras paría a un peculiar hijo: el Cristianismo. Para infortunio de la mujer Dios les reveló la Verdad Eterna: el hombre había sido creado con Sus manos a partir de un poco de barro. Esculpió su figura sabiamente y le otorgó vida. Pero viendo que el hombre se aburría terriblemente creó también a la mujer, desgajándole del cuerpo una costilla a aquél. Ya se habían dictado las leyes indelebles de la civilización: la mujer es un extracto del hombre y, como deudora, debe acatar sus normas. ¿Consecuencia? Una sociedad más exacerbadamente patriarcal. A partir de entonces se les negó a las féminas cualquier tipo de incursión en terrenos meramente masculinos. Con la llegada del Renacimiento y el pleno reconocimiento de las Bellas Artes como "Artes Nobles", después de siglos habiendo sido consideradas como artesanía al servicio de la Santa Iglesia, la cosa empeoró. Mujer <> Artes Nobles era un binomio que se venía negando durante la historia medieval y que el Renacimiento, con todas las virtudes que poseía, no pudo rectificar. Y ya todo continuó así hasta el siglo XIX con la aparición de las ideas Ilustradas y la Revolución Francesa, si bien hubo casos aislados como el de Artemisia Gentileschi en el Barroco. Por fin en el siglo XX se culminó (a medias) la equiparación de derechos y la mujer pudo ser creadora después de siglos de exclusión.
Pero la cosa no queda ahí. Digo lo de "a medias" por un aspecto primordial. Ha logrado la legitimación para ser artista pero, sin embargo, no ha logrado que se la tengan en cuenta. Los libros sobre Arte Contemporáneo están plagados de hombres artistas pero, excepto casos muy concretos, la mujer sigue arrinconada en un ostracismo únicamente creador. Es como si todavía se encontrara en una fase en la que debe hacer acopio de merecimientos para ser incluida como pieza importante y, si la ruleta de la Diosa Fortuna es benigna, entrar de una vez por todas en los manuales de Historia del Arte.
Así que me he propuesto contribuir a la causa en la medida de lo posible y conceder a la "mujer artista" el lugar primordial que se le viene negando. Mi idea es dar a conocer la obra de muchas de ellas y reflexionar críticamente sobre la importancia de sus visiones personales e innovaciones estéticas y artísticas. Con tal intención cada cierto tiempo subiré un artículo centrado en alguna artista y analizaré, en la medida de lo posible, sus creaciones. Ojalá la idea cuaje y tenga que abandonarla por falta de "costillas"...
Abraxas







