martes, 19 de julio de 2011

Hoy, mientras revolvía unas olvidadas cajas, me he reecontrado con un poema que escribí hace bastantes años. Al instante supe qué era y porqué lo escribí.

Y es que hay algo de "magia" en esto de escribir, que duda cabe. Como en un sueño, he revivido instantáneamente imágenes y sentimientos que no habían vuelto a salir al exterior... hasta hoy. Ahora, por fin, vuelven a formar parte de mí.

El poema está dedicado a un eucalipto que había en una glorieta, a pocos pasos de mi casa. Y digo "había" ya que tuvo la mala fortuna de interponerse en las obras de nuestro amadísimo metro de la ciudad de Sevilla.

En nombre, también, de todos aquellos árboles que han sufrido un destino similar y que seguro que tienen un hueco en el recuerdo de miles de seres humanos.





Columna jónica verdecina,
compañera de olores y de vida.
Amiga invisible, convecina,
siento en mí el dolor de tu herida.

-Déjame besar tu frente
de corteza descosida.

Desde tu pedestal de cemento
ves nidos donde el amor fermenta.
Conversas y juegas con el viento,
sonriendo al sol que nos calienta.

-Déjame coger tu mano
y ver tu derrota lenta.

Solo escucho ahora el quebranto
silencioso de tus vetas blancas,
el desgarro mudo de tu canto
y de tu cuerpo inmerme en la cuneta.

-Deja que grabe en mi mente
la rapsodia de un poeta.

Me pregunto cuál será tu sino,
si tu mente será solo olvido.
Espero que encuentres el camino
que el corazón del hombre ha perdido.

Déjame decirte, hermano:
"Tu corazón ha vencido".


domingo, 21 de noviembre de 2010

Así habló Zaratustra

Tres transformaciones del espíritu os menciono: cómo el espíritu se convierte en camello, y el camello en león, y el león, por fin, en niño.

Hay muchas cosas pesadas para el espíritu, para el espíritu fuerte, de carga, en el que habita la veneración: su fortaleza demanda cosas pesadas, e incluso las más pesadas de todas.

¿Qué es pesado?, así pregunta el espíritu de carga, y se arrodilla, igual que el camello, y quiere que lo carguen bien. ¿Qué es lo más pesado, héroes?, así pregunta el espíritu de carga, para que yo cargue con ello y mi fortaleza se regocije. ¿Acaso no es: humillarse para hacer daño a la propia soberbia? ¿Hacer brillar la propia tontería para burlarse de la propia sabiduría?.

¿O acaso es: apartarnos de nuestra causa cuando ella celebra su victoria? ¿Subir a altas montañas para tentar al tentador?.

¿O acaso es: alimentarse de las bellotas y de la hierba del conocimiento y sufrir hambre en el alma por amor a la verdad? ¿O acaso es: estar enfermo y enviar a paseo a los consoladores, y hacer amistad con sordos, que nunca oyen lo que tú quieres?.

¿O acaso es: sumergirse en agua sucia cuando ella es el agua de la verdad, y no apartar de sí las frías ranas y los calientes sapos?.

¿O acaso es: amar a quienes nos desprecian y tender la mano al fantasma cuando quiere causarnos miedo?.

Con todas estas cosas, las más pesadas de todas, carga el espíritu de carga: semejante al camello que corre al desierto con su carga, así corre él a su desierto.

Pero en lo más solitario del desierto tiene lugar la segunda transformación: en león se transforma aquí el espíritu, quiere conquistar su libertad como se conquista una presa y ser señor en su propio desierto.

Aquí busca a su último señor: quiere convertirse en enemigo de él y de su último dios, con el gran dragón quiere pelear para conseguir la victoria.

¿Quién es el gran dragón, al que el espíritu no quiere seguir llamando señor ni dios? «Tú debes» se llama el gran dragón. Pero el espíritu del león dice «yo quiero».

«Tú debes» le cierra el paso, brilla como el oro, es un animal escamoso, y en cada una de sus escamas brilla áureamente «¡Tú debes!».

Valores milenarios brillan en esas escamas, y el más poderoso de todos los dragones habla así: «todos los valores de las cosas – brillan en mí».

«Todos los valores han sido ya creados, y yo soy – todos los valores creados. ¡En verdad, no debe seguir habiendo ningún “Yo quiero!”» Así habla el dragón.

Hermanos míos, ¿para qué se precisa que haya el león en el espíritu? ¿Por qué no basta la bestia de carga, que renuncia a todo y es respetuosa?.

Crear valores nuevos – tampoco el león es aún capaz de hacerlo: mas crearse libertad para un nuevo crear – eso sí es capaz de hacerlo el poder del león.

Crearse libertad y un no santo incluso frente al deber: para ello, hermanos míos, es preciso el león.

Tomarse el derecho de nuevos valores – ése es el tomar más horrible para un espíritu de carga y respetuoso. En verdad, eso es para él robar, y cosa propia de un animal de rapiña.

En otro tiempo el espíritu amó el «Tú debes» como su cosa más santa: ahora tiene que encontrar ilusión y capricho incluso en lo más santo, de modo que robe el quedar libre de su amor: para ese robo se precisa el león.

Pero decidme, hermanos míos, ¿qué es capaz de hacer el niño que ni siquiera el león ha podido hacer? ¿Por qué el león rapaz tiene que convertirse todavía en niño?

Inocencia es el niño, y olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que se mueve por sí misma, un primer movimiento, un santo decir sí.

Sí, hermanos míos, para el juego del crear se precisa un santo decir sí: el espíritu quiere ahora su voluntad, el retirado del mundo conquista ahora su mundo.

Tres transformaciones del espíritu os he mencionado: cómo el espíritu se convirtió en camello, y el camello en león, y el león, por fin, en niño. –

Así habló Zaratustra. Y entonces residía en la ciudad que es llamada: La Vaca Multicolor

jueves, 15 de julio de 2010

James Ensor, el "pintor de las máscaras"

Estamos en la década de 1880. En las ciudades de toda Europa se está gestando, después de varios años de descanso, un período convulso: por un lado las grandes potencias europeas no saben hacer otra cosa que ocupar territorios que no son suyos pero, eso sí, en nombre de la patria y en pos de la mejora de la humanidad, como debe de ser...

Por otro está comenzando la Segunda Revolución Industrial. La luz de gas va dejando paso a la electricidad, el raudo ferrocarril sustituye a las carretelas y carromatos en el transporte, un tipo que se llama Graham Bell inventa un aparato para hablar desde largas distancias, hay gente que comienza a crear edificios en un material que se denomina "acero", aparece un explosivo que se llama "dinamita", e incluso hay algún que otro loco que dice que se puede crear un método de transporte con el cual volar, como lo hacen los pájaros...

Asimismo las ciudades crecen, cada vez hay más habitantes y, a la misma vez, más diferencia económica entre estos. Las máquinas han dejado sin empleo a miles y miles de campesinos que no tienen otra opción que irse a las ciudades y comenzar a trabajar en las fábricas o a sobrevivir como mejor pueden. Sin embargo una pequeña masa de burgueses vive ajena a todo esto y controlando la mayor parte de la economía de las ciudades, mientras otros debaten sobre el nuevo orden de este sistema, denominado "capitalismo", y sobre las teorías de un tipo llamado Marx.

Por esos años había aparecido un movimiento de pintores que pensaban que era vano y ridículo pintar la realidad. ¿Para que pintarla si la fotografía ya nos da copias exactas de ésta? se preguntaban estos. Así que comenzaron a pintar las impresiones subjetivas que en ellos ejercían las imágenes de la realidad. Mas adelante serían bautizados con el nombre de "impresionistas". Como no podía ser de otro modo el público, en su inmensa mayoría, ignoró estas pinturas. Pero hubo un grupo de artistas que dijeron ¡Claro! ¿Para qué pintar la realidad? Lo que importa es el cómo yo la perciba, expresar los sentimientos personales y subjetivos que me crean, y continuaron su labor. Por derivación se les conoció como los "post-impresionistas".

En definitiva, las cosas están cambiando, y a un ritmo endiablado. De una sociedad prácticamente pos-feudal y una pintura adocenada y al servicio del Estado se está llegando, apresuradamente y sin estadios intermedios, a otra capitalista, donde lo importante es la producción, la velocidad. Las relaciones sociales, al ampliarse y rebasar el clásico modelo de la familia y la vecindad y perderse en una maraña de nuevas formas (por supuesto, siempre en lo referente a las clases altas) están tergiversadas, tanto más si añadimos los nuevos intereses que conlleva el naciente capitalismo. Es como si el ser humano también estuviese cambiando, escondiéndose detrás de una máscara, ocultándose a sí mismo porque lo importante es el progreso, no él mismo.


Eso mismo es lo que nos plantea James Ensor en sus pinturas. Formado en la Academia Real de Bellas Artes de Bruselas, una más de tantas, en la que se aprende de todo menos pintura moderna, pronto comenzó a crear un mundo personal, imbuido de una visión crítica de la sociedad contemporánea. Para Ensor la nueva sociedad ha cambiado al ser humano. El mundo se ha convertido en un gran circo lleno de novedosos espectáculos. En una sociedad en la que, como por esos años dijo Nietzsche, "Dios ha muerto, y lo hemos matado nosotros...", el sentimiento religioso se convierte en una función cómico-tétrica y, por suspuesto, de masas. Es lo que nos presenta en el cuadro "La Entrada de Cristo en Bruselas" (1888). Las masas de "pseudocristianos", disfrazadas y enmascaradas, asisten a un desfile fastuoso en el que, más que Cristo, lo importante es identificar a este personaje con el Socialismo y, en suma, politizar la religión y celebrar el poderío de la nueva sociedad. Nos es extraño que este Cristo no se sienta identificado con sus nuevos creyentes y que esté ciertamente molesto porque se le instrumentalice y hayan desaparecido los verdaderos "cristianos". Por eso en el cuadro "Varón de Dolores"(1892) parece tener un cabreo monumental. Parece preguntarse "¿por estos farsantes voy a sacrificarme?".

Jean Jacques Rousseau decía:"La naturaleza ha hecho al hombre feliz y bueno (lo cual es discutible), pero la sociedad lo deprava y lo hace miserable". Las pinturas de Ensor vienen a confirmar esta afirmación. Quizá no crea, como Rousseau, en la felicidad del ser humano primitivo, pero sí que la nueva sociedad lo ha modificado. Una idea constante en su obra es la presencia de la Muerte. Pero no como concepto dramático, romántico y simbolista. Es más bien una muerte irónica, casi irrisoria. Es la muerte de alguien que se ha dejado matar y que, incluso, ha contribuido a su propia muerte. Es una muerte "ridícula" y, como casi todo lo ridículo, humorística. Es lo que nos presenta en la obra "La Muerte persigue el rebaño humano" (1896). Además es una muerte "egoísta". Cada cual muere queriendo imponerse sobre el otro, como vienen haciendo los estados autoritarios con sus colonias, o los nuevos empresarios y burgueses capitalistas. En la obra "Dos esqueletos y un ahorcado" (1891) los dos "muertos" se disputan un cadáver que cuelga de la pared con el único fin de comérselo. Seres enmascarados asisten al suceso, algunos armados, esperando sacar tajada propia.

La pintura de Ensor es casi inclasificable, de ahí que sea única y singular. En esos momentos lo postimpresionistas (Van Gogh, Gauguin...) están pintando pero en un ámbito más alejado, en el sur de Francia. Por otro lado dominan las corrientes simbolistas, más o menos ancladas en un cierto clasicismo con pocos pintores que propongan algo diferente (Odilon Redon, Gustave Klimt y poco más). Ensor propone algo diferente. Por un lado para él el simbolismo no es interesante porque se aleja de la realidad y además, pictoricamente, no es novedoso. Por otro los postimpresionistas, si es que realmente llegó a conocerlos, pues son contemporáneos, le proponen algo distinto como es interpretar subjetivamente la realidad, pero sin trascenderla, es decir, sin plantear ideas a partir de esta creando "irrealidades reales", por decirlo de alguna forma.

Para Ensor la pintura tiene que ser instintiva, de poco o nada vale "pintar bien", lo "naif" (ingenuo) e incluso lo infantil puede valer siempre que conduzca a tergiversar la realidad y transformarla en algo diferente, que es en lo que se está convirtiendo. Por eso sus pinturas y dibujos a veces parecen realizadas por niños y representan un mundo de ensoñaciones propias de una edad infantil, de la inocencia. Es decir, lo importante no es cómo se cuenta (todas las formas son válidas) si no qué se cuenta, expresar la forma propia de interpretar la realidad, incluso saliéndose de esta.

Por eso mismo a Ensor se le podría considerar como uno de los padres, junto a Edvard Munch, del Expresionismo. Por otro lado los temas a veces irreales y fantasiosos que lleva a cabo lo ponen casi a las puertas, o por lo menos como antecesor, del Surrealismo. Pero, por encima de esto, fue un pintor de su tiempo. Supo contemplar la realidad sin anteojeras y plasmar en sus cuadros una visión del mundo personal y crítica. En muchos sentidos su pintura no es más que la representación cínica de la absurda muerte del ser humano como tal, de su transformación en algo distinto, pero en nada en concreto. En definitiva, tras las máscaras de Ensor se esconde el desconocimiento que el hombre tiene de sí mismo, la deshumanización del "ser humano" que se ve obligado a no ser persona, sino una simple máscara adaptable y cambiante a la realidad.

martes, 7 de abril de 2009

Aquellas Pequeñas Cosas

Hace muchos años escribí un pequeño relato que pensaba enviar a un concurso (cosa que no llegué a hacer ni he hecho a día de hoy). Recuerdo que la temática giraba en torno a la inmigración y que el texto no debía sobrepasar un determinado número de letras. Además se me viene a la cabeza que en aquel momento todo esa jerga abstracta y confusa de los certámenes literarios (que si plica, que si pseudónimo, que si tantas copias del original...) me sonaba a chino y me dejaba desconcertado. Hoy me he reencontrado con esta narración.

Lo mágico que tiene navegar entre los ríos de papel que a uno se le acumulan con los años es que durante el recorrido puedes varar mil veces pero siempre llegas a algún puerto conocido en el que has dejado una esencia importante de tí mismo. Cuando lo haces evocas las olas que te sobrecogían, las mareas que marcaban tu destino, el timonel que te guiaba bajo el firmamento, las zozobras durante el arcano trayecto... Y toda esa marabunta de sensaciones es como un pequeño fragmento de un gigantesco puzzle al que le añades una pequeña pieza. Pequeña, pero esencial. Porque son esas pequeñas cosas (parafraseando a Joan Manuel Serrat) en las que se basa nuestra existencia y de cuya simbología, como tótems llenos de significado que son, dependemos.

El relato que os pongo a continuación no es muy bueno. De hecho es mediocre en muchos aspectos. Pero, para mí, es muy importante.

Se lo dedico a las personas que aprecian "aquellas pequeñas cosas", a todos mis amigos (por suerte arduo sería nombrarlos aquí...) y, por supuesto, al maestro Serrat.

* El relato no tiene nombre.



12/5/2000

Últimamente no tengo ganas de sonreir. Al mirarme al espejo no me reconozco. Veo una figura, una burla de cuerpo, que se me antoja ya ajada, prematuramente envejecida. Me entristece de veras pues aparento casi cuarenta años cuando solo tengo veintiocho. (...)

15/5/2000

Mi padre se ha quedado sin trabajo. Me enteré ayer cuando llamé por teléfono a casa. Le han prohibido faenar por la costa porque dicen que no posee ningún documento que lo acredite para tal menester. Igual que él han acabado decenas de pescadores, a muchos de los cuales conozco personalmente. Sin dinero y sin honor, con el corazón deshecho en mil pedazos y trémulos los callos de las manos. (...)

17/5/2000

Hicham, mi hermano pequeño, ha tenido que dejar la escuela primaria para ayudar en la economía de casa en lo posible. Ahora será uno más de esos niños que inundan las calles del centro de la medina, vendiendo quincallas a los turistas, limpiando botas con sus pequeñas manos, rapiñando comida en cantinas y hornos... Solo le pido a bienaventurado Alá que lo acoja en su seno y le conceda fortuna para enfrentarse con el mundo. Solo tiene diez años. Por desgracia yo sé realmente lo que es la vida en la calle. La pobreza en que vivíamos en Rabat me arrastró sin remedio por los vericuetos de la ciudad, entre pordioseros y mendigos, riendo por mendrugos de piedra y soñando despierto a la orilla del mar. Ahora me doy cuenta de que me hice mayor sin quererlo. Me extirparon la niñez y me hice hombre sin serlo. De hecho nunca aprendí a llorar. (...)

18/5/2000

Hoy he visto, como cada día durante el descanso a la hora del almuerzo, a un grupo de chicos que salían del colegio. Durante unos segundos los he odiado pero después solo los envidié. No saben la suerte que tienen de poder ir al la escuela y aspirar a tener una vida desahogada y humana. Deseé que mi futuro hijo tuviera la educación de la que yo carecí. Al sentir unas lágrimas resbalando por mis mejillas me di cuenta de que los amaba. (...)

20/5/2000

Al salir de la plantación me dirigí junto a mis dos compañeros a la habitación alquilada en la que vivimos. En el portal nos encontramos con una pintada que decía: "Iros a trabajar a Marruecos moros de mierda". Por segunda vez en la semana lloré, esta vez amargamente. (...)

22/5/2000

(...) Me arrepiento de haber venido a España. Me acabo de dar cuenta. Buscaba la humanidad del hospitalario y me encontré con odio y resentimiento. (...) Me llaman ladrón por trabajar aquí sin contrato. Doce horas al día por cuatro perras, cuando ellos son los primeros en renegar de la labor que yo hago. Solo recojo las migajas que dejan por el suelo...

25/5/2000

"Bienaventurados los que lloran porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia porque ellos serán saciados." Mateo 5. 1-6. Al leer esto en la Biblia la esperanza se asentó en mi corazón de nuevo. No comprendí la crudeza de una sociedad que predicaba el amor puro. De nuevo lloré. (...) Anhelo un futuro de sosiego, superar la precariedad, dar a mi familia un cuenco lleno del que comer, una cama en la que dormir, un hogar de verdad. (...)

El comisario de policia apartó la vista del diario de Ibrahim y posó sus turbios ojos en el cuerpo inerte de este, que había recibido cinco brutales puñaladas, una de ellas mortal y directa al corazón. Miró al cielo y durante unos segundos pensó: "¿Que será ahora de su familia""


Abraxas






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viernes, 14 de noviembre de 2008

¡Bienvenidos al maravilloso mundo del...Telediario!

"¡Damas y caballeros! ¡Apaguen sus teléfonos móviles, traigan un buen bol de palomitas, apaguen la luz del salón y siéntense en sus asientos que ya hemos llegado! (Redoble de tambores) ¡Bienvenidos al maravilloso mundo del Telediario! ¡Tenemos todo lo que les gusta: funambulistas, trapecistas, acróbatas, malabaristas, payasos, contorsionistas, ventrilocuos y muuucho más! ¡Todo para su disfrute y deleite y para hacerles pasar un rato divertido en compañía de los suyos! Eso sí... No esperen que les informemos de algo relevante, eso ya no está de moda..."

Una vez terminada la perorata comienza el glorioso espectáculo. Lo primero que nos encontramos, como en cualquier circo que se precie, es una amplia gama de colores que casi nos sublima. Es como si vieramos un maravilloso arco iris que nos insta a no apartar la mirada y a mantener los ojos bien abiertos porque "algo maravilloso" puede o va a ocurrir. Y caemos en su efecto...no apartamos la mirada. Y lo segundo es que comenzamos a ser testigos de espectáculos sin duda fascinantes. Una marabunta de personajillos comienza un incesante y descoordinado desfile de números circenses. Las cabriolas y volteretas se suceden continuamente dejando boquiabiertos a los espectadores, que gritan la muletilla "¡Allez Hop!" como eco visceral de su intenso disfrute. La comunión es total entre todos los partícipes y se respira un ambiente de cordialidad y dicha. Sin embargo algunos en la grada no participan de este sentimiento y tienen el ceño fruncido y los puños apretados en las rodillas. Su mirada anda perdida en cualquier punto indeterminado del escenario. Pero no importa. El espectáculo debe continuar...

Este siglo XXI en el que vivimos tan "deshumanamente" sigue la estela del que le precedió. Por momentos hasta le supera incluso. El "ciudadano medio" se despierta por la mañana, se viste apresuradamente (no sin antes haber elegido concienzudamente las prendas), se monta en uno de sus vehículos y, camino al trabajo, con las ojeras de la terrible noche anterior y entre maldiciones de boquilla, se enfrenta a un caos circulatorio de proporciones bíblicas. Encima llega con retraso y no encuentra aparcamiento en ningún sitio. Una vez que lo consigue se sienta en su silla ergonómica en el despacho compartido y comienza a teclear flemáticamente en su ordenador. El sonido de una vorágine de decenas de dedos martilleando en su cabeza le provoca una sensación extraña, mezcla entre amodorramiento y desesperación, que lo deja insensible. Después de tres interminables horas llega el deseado momento del desayuno (el mismo café muy cargado y la tostada con jamón de todos los días), que pasa fugazmente. Y de nuevo vuelta al asiento, al garrote vil que le va clavando, gradualmente, un grueso tornillo invisible en el cerebro. Durante varias horas sigue llevando a cabo la misma actividad de todos los días, mecánica e inércicamente. Apenas es totalmente consciente de su actividad durante el período de su jornada laboral. Sabe que está haciendo su trabajo, al fin y al cabo, pero su cerebro se encuentra en un permanente atolondramiento que le deja por momento los músculos vacilantes. Pero solo es una desazón pasajera. Su sesera vuelve a recobrar vigor al recordar las letras de la hipoteca y del coche que tiene que pagar a fin de mes. "Joder...y encima este mes tengo dentista y veterinario. Cagon'Dió". Con estos y otros pensamientos en la cabeza termina la jornada. Baja las escaleras precipitadamente mirando el reloj, cruza por el paso de peatones (en el que una anciana a breves impulsos de bastón apenas logra llegar a la otra acera extenuada), entra en su Nissan y al cuarto de hora está ya descalzándose y dejando los zapatos debajo de la percha de la entrada. Con el intermitente sonido de voces infantiles de fondo y las manos teñidas de tinta a retazos recalienta el plato de lentejas y se sienta, apaciblemente y en familia, en el salón. Enfrente: la televisión.

Hay una cosa que los productores televisivos parecen tener a día de hoy muy clara: el ser humano (la enorme mayoría de sus integrantes) no busca informarse de lo que sucede en el mundo. Más bien desea recibir información asequible que se adapte a su angustioso ritmo vital y no suponga una profundización concreta en los verdaderos problemas. "Demasiados tengo ya en mi vida como para que me cuenten otros..." Es decir, busca escudriñar la superficie a ras de suelo durante un momento pero, ni mucho menos, tiene ganas de levantar el vuelo y mirar a vista de pájaro lo que sucede alrededor.

Y cabría preguntarse: ¿Por qué?
-Porque está cansado y desganado.
-Porque tiene problemas con su esposa.
-Porque le tocan horas extras algunos fines de semana en el trabajo.
-Porque desde pequeño le enseñaron solo a vivir con metas prácticas.
-Porque todas las personas que le educaron le enseñaron a actuar, pero ninguna a pensar.
-Porque, aunque a veces se interese por algun suceso mundial, le aburre y siempre acaba viendo el "reality show" del que todo el mundo habla maravillas.

*(Notas del productor):
-Porque vivimos en la era de lo efímero: nada es importante más allá del instante en el que se cuenta.
-Porque lo importante es el placer y hay que intentar no generar demasiado displacer con sucesos inoportunos.
-Porque el director es militante de tal partido, así que España se dirige hacia los abismos de la podredumbre más absoluta.
-Porque lo verdaderamente importante no es lo que acontece realmente en tal pais sino lo que a nosotros nos interesa contar que sucede y de qué modo.
-Porque los diez periodistas con sentido crítico que había en la plantilla poseían demasiadas virtudes y ahora engrosan las listas del INEM.
-Porque los veinte minutos del noticiario deportivo SÍ que les interesa a los televidentes.
-Porque ¿para qué cambiar si ya tenemos el 33% de audiencia en esta franja horaria?
-Porque la libertad de expresión y el derecho a estar informados son dos falacias en las que la gente sigue creyendo incondicionalmente.
-Porque hay verdades que mejor no contarles a ustedes ya que, sencillamente, o no las creerían o se rebelarían (y yo perdería mi preciado puesto).
-Porque lo único fundamental es el consumo: no importa el qué ni la calidad de éste.

*(Nota mía):
-Porque somos felices, comemos perdices y el superhéroe siempre llega en el momento final para salvarnos el pellejo.

Os dejo aquí un par de escenas interesantes de la película "Network. Un mundo implacable" (Sidney Lumet; 1976). Espero que os gusten.


Abraxas














"El periodismo televisivo consiste en gente que no sabe escribir entrevistando a gente que no sabe hablar para gente que no sabe leer." Frank Zappa (1940 - 1993)

viernes, 11 de julio de 2008

Humano, demasiado Humano...

Estamos en enero de 1889. Un individuo desliza una mano temblorosa, torpemente, escribiendo varias cartas. Éstas deben llegar a sus amigos más cercanos exclusivamente. Piensa que hay ciertas cosas de vital importancia que deberían saber y no aguanta por más tiempo la necesidad de expresar sus cavilaciones. Una voz inusual, más bien irreverente e irracional, le impele durante su redacción. No lo nota, pero su cerebro comienza a desconectarse de su ser. Están tomando poco a poco caminos divergentes. La mente comienza a volar por terrenos jamás vistos ni soñados, casi como un viaje místico en el que él es el Demiurgo Universal. Todo le aparece claro y directo. Está encontrando su "Verdad", después de años rastreando el sentido de esta. Parece que existe, aunque durante su vida haya llegado a la conclusión de que no había tal...

Tal como se le van revelando las verdades esenciales las va anotando en las cartas:

"El mundo está radiante, pues Dios está sobre la Tierra. ¿No ve usted cómo se alegran todos los cielos? Yo acabo de tomar posesión de mi imperio, arrojaré al Papa a la cárcel y haré fusilar a Guillermo, Bismarck y Stöcker. Firma: El Crucificado"

"Yo he sido entre los indios Buda, en Grecia Dionisos, Alejandro y Cesar son mis encarnaciones, igual que el poeta de Shakespeare, Lord Bacon. Por último fui además Voltaire y Napoleón, quizás también Richard Wagner... Pero esta vez vengo como el triunfante Dionisos, que hará de la Tierra un día festivo... No es que tenga mucho tiempo... Los cielos se alegran de que yo este aquí... También he estado colgado en la cruz.."

"Querido señor catedrático. Al fin y al cabo preferiría ser catedrático en Basilea que Dios, pero no me he atrevido a llevar tan lejos mi egoísmo privado para desatender por su causa la creación del mundo." / "Este invierno, vestido de la forma más miserable, asistí dos veces seguidas a mi propio entierro; la primera vez como el Conde Robilant (no, éste es mi hijo, yo soy Carlos Alberto, infiel a mi naturaleza), pero yo mismo era Antonelli" / " Por todas partes me paseo vestido de estudiante, aquí y allá doy palmadas en la espalda a cualquiera y le digo: ¿siamo contenti? son dio, ho fatto questa caricatura..." / " Hice encadenar a Caifás: el año pasado también los médicos alemanes me crucificaron con persistencia. Suprimidos Guillermo, Bismark y todos los antisemitas."

Pasan pocos días cuando uno de sus amigos, que ha recibido una de las cartas, se dirige a su casa. Él está sentado en su silla, con la mirada perdida y mesándose el bigote. Aquel lo saluda cordialmente. Al día siguiente salen juntos y el amigo lo lleva a un centro médico. Días después la madre llega y se lo lleva hacia la ciudad de Jena. Llegan al sitio elegido. En el cartel reza lo siguiente: "Clínica psiquiátrica. Universidad de Binswanger". Al año siguiente sale y es llevado a la casa materna, en Naumburgo. En ella pasa siete años, hasta la muerte de la madre. Su hermana Elisabeth se hace cargo de su cuidado y lo lleva a la villa Silberblich en Weimar. Tres años después, un sábado 25 de agosto de 1900, fallece en Weimar...

En su lápida sencillamente aparece lo siguiente: "Friedrich Nietzsche / 15 october 1844 - 25 august 1900".

Desde que somos seres racionales una de las metas que más hemos buscado con ahínco es la "Verdad". En cualquier civilización, sea de la época que fuere, ciertas mentes privilegiadas y avanzadas o, sencillamente "diferentes" (con todo lo positivo y lo peyorativo que sigue vigente en ese término tan magreado) notaron que la realidad en la que se hallaban faltaban piezas o que, cuanto menos, estas eran defectuosas o no válidas. ¿Qué hacer? Intentar razonar y descubrir las causas de esa imperfección estableciendo una serie de parámetros racionales, más o menos, para que nos entendamos, aplicando una ciencia: la del "pensamiento". Sin embargo la cosa no es tan fácil como parece. Toda sociedad es tal por la unión indisoluble de todos sus ciudadanos. En todos los sentidos. Ésta tiene que parecer o aparentar un "todo en sí mismo", la homogeneidad debe ser absoluta y sin paliativos. No cabe la individualidad de la persona (que en toda sociedad es inexistente de por sí). El ciudadano civilizado debe ajustarse a un molde predeterminado, encajar en el sistema reinante de cualquier forma, absorviendo su mentalidad, sus ideas y su forma de ver el mundo. La totalidad de los habitantes debe responder a esto o, mejor dicho, va a responder a esto. Desde que nace se ve inmerso totalmente en dicha civilización o cultura. Sus movimientos siempre serán guiados hacia una gran inmensidad de campos que casi no puede abarcar con la mirada. Se sentirá extasiado y sublimado por la cantidad de oportunidades que se le brinda. Percibirá su libertad y dicha por tener tan amplia gama de opciones en su haber. No obstante, aunque no se dé cuenta, su teórico libre albedrío sencillamente no existe, es pura imaginación suya. Pero eso sí...es tan carnal, tan visible, que nunca lo pondrá en duda. Le han enseñado a sentirse libre hasta la médula. Pero no a serlo...

Tal como diría Ortega y Gasset se convierte en un "Hombre-Masa", un "individuo" indistinto. Percibe una viva idiosincrasia que cree que lo distingue de los demás. Sin embargo lleva toda su vida nadando en el agobiante lago del determinismo vital más absoluto. Pero nunca percibe esta verdad. Mueve sus fichas a lo largo y ancho de un tablero estrecho que él considera enorme. Tiene el suficiente espacio en éste como para jugar eternamente sin temor al aburrimiento. Le han enseñado a jugar de mil formas diferentes. Pero él nunca ha aprendido a jugar con un estilo propio. En ningún momento pone en duda las reglas del juego y no ha meditado jamás acerca de los límites finitos que dicho tablero le presenta. No adivina la infinitud de esa frontera. A veces llega a percibirla. Pero recapacita y se percata de que si nadie ha traspasado esa linde es por algo. No puede traspasarla. Eso llevaría a terminar la partida colectiva en la que compite y a jugar en soledad. También a renegar de las reglas no escritas que le han enseñado e inventar otras que le ayuden en el escenario de una nueva partida prolongada y penosa. Además hasta ahora los lances del juego siempre han sido controlados y favorables y corre el riesgo de que se conviertan en imprevisibles y dañinos. Y... ¿¡Para qué correr el peligro de herirse si es solo un maldito juego!?

En definitiva, ese "Hombre-Masa" vive abotargado felizmente en un mundo que cree comprender. Sus patrones de actuación son básicamente "los que deben ser". La empatía que le causan esos preceptos pasan de la aceptación pura y sin criterios razonados a concebirse como lo "ideal". Lo que sale de este no puede comprenderse o es pura frivolidad. Sin embargo no distingue hasta que punto toda esa serie de valores o pautas fijas están ancladas, al igual que el ser humano, y que a su estado natural correspondería el llevar alas y volar. Tal como dijo Nietzsche: "Donde vosotros veis cosas ideales, veo yo cosas humanas, ¡Y, ay, demasiado humanas!".

Bueno voy a ir cerrando un poco la boca que me deben estar entrando demasiadas moscas, pero por lo menos ya me la he quitado de detrás de la oreja compartiéndola un poco (aunque seguirá ahí "dando por culo") y espero haberla pasado a otros. Pero no os preocupéis, no es una mosca cojonera y no hiede ni desde cerca ni desde lejos. A mi me huele a pachulí. Aunque a algunos como a Nietzsche ese olorcito atrayente les haya costado la cordura...

Os escribo ahora uno de los aforismos (este es un poco extenso) de Nietzsche en su libro "Humano, demasiado humano":

228.- El carácter fuerte y bueno. "El sometimiento de las opiniones, que el hábito convierte en instinto, conduce a lo que llamamos un carácter fuerte. Cuando el hombre obra por motivos poco numerosos, pero siempre los mismos, sus actos adquieren por ello una gran energía: si estos actos se ajustan a los principios de los espíritus sometidos reciben aprobación y eventualmente producen en su autor el sentimiento de la buena conciencia. Lo que se llama carácter fuerte viene determinado, pues, por unos motivos poco numerosos, una conducta enérgica y una buena conciencia. A este carácter fuerte le falta el conocimiento de la multiplicidad de posibilidades y direcciones de la acción; su inteligencia carece de libertad, está sometida, puesto que, en un caso dado, no le mostrará a lo sumo más que dos posibilidades de actuación; está obligado a escoger entre ellas de un modo necesario y conforme a su naturaleza total, lo que hará fácil y rápidamente, al no tener que elegir entre cincuenta posibilidades. El medio ambiente que educa al individuo tiende a privar a cada uno de libertad, proponiéndole siempre el menor número de posibilidades. Los educadores tratan al individuo como si fuera, ciertamente, algo nuevo, pero a quien quieren convertir en una copia. Si el hombre aparece originariamente como una novedad sin precedentes en la existencia, la cuestión está en reducirle a algo conocido ya existente. Lo que en el niño se llama buen carácter es precisamente la manifestación progresiva de su sometimiento dada de una vez todas; al ponerse del lado de los espíritus sometidos, el niño empieza a dar muestras del despertar de su sentido gregario; y este sentido gregario constituye la base que le permitirá después ser útil a su Estado y a su clase."




Abraxas

lunes, 16 de junio de 2008

Sísifo

Mi último poema. Os lo dejo aquí. Díganme que os ha parecido.

P.D: No me crucifiquen, tengan piedad de mí...




"SÍSIFO"


Bocanadas de humo invisible...
Soledad.
Retazos de pensamientos estancados
en el lodo turbio del manantial.
Mueven sus alas...pero no saben volar.

Crucigramas de figuras y objetos
sin determinar.
Cambalaches de palabras encerradas
con llave en un desván.

Sencillamente, ambigüedad.

E-vidente ceguera de contornos
nítidos sin relleno...
¿El vacío?
Miopía. Fotogramas recortados
y adheridos a un collage. Hastío...

Sonidos huérfanos se mecen
en su cuna a la orilla del camino.
Letras blancas que rompen
las rejas sin previo aviso.

¿Será sólo una pausa del destino?

Agujas que el caracol mueve,
espejo frío de la voluntad.
Verticalidad, horizontalidad. Geometría
corporal de ángulos sin perfilar.

Despertar. Pasos, vueltas y rodeos.
Huellas reholladas hasta la saciedad.

Correr sin meta a la que llegar...

Y de pronto la piel se comienza
a erizar. Disparos de sonrisas
y lamentos, heridas
de cometa imberbe.
Ebriedad.

Papeles llenos de luz y oscuridad.

Acaso felicidad...



Abraxas